martes, 24 de febrero de 2015


"Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: 

Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, 

de su interior correrán ríos de agua viva."

Juan 7:37-38


"Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."

Juan 10:10




LA VIDA ABUNDANTE



Norman Vincent Peale (1898-1993)


El pequeño libro que dio origen a este blog, es “La Vida Abundante”, de Norman Vincent Peale, traducción de Violeta Cavallero (1970). Ese librito es a su vez un extracto del libro “Mensajes inspirados para la vida diaria” (publicado en español por Grijalbo). De allí extraje también los “Elevadores del Espíritu”.
En ambos casos, hice una adaptación libre de los textos.



Violeta Cavallero (1912-1987)

Es mi deseo que este blog sea también un homenaje a la memoria de Violeta Cavallero (1912-1987), maestra del Crandon -colegio metodista de Montevideo-, diaconisa que promovió el ecumenismo, himnóloga, poetisa y autora de libros inspiracionales.

UN LEGADO DE DOS VIOLETAS





Uno de los mejores recuerdos de mi infancia en el barrio montevideano de Las Acacias, es la imagen de una señora entrañable, muy inglesa en su aspecto, con larga falda tableada, y recorriendo incansablemente aquellas calles en su bicicleta. Tanto a mí como a mi familia, nos asombró siempre su gran vitalidad. Su nombre era Violeta Frisch, y pertenecía a la Iglesia Metodista. Evoco sus ojos claros, su sonrisa amable y su conversación tan cálida. 



Firma de Violeta Frisch en el primer capítulo de un libro que le regaló a mi madre


Años después, nos fue a visitar cuando ya vivíamos en El Prado, y me invitó a una reunión en la Iglesia Central, la que está en la proa de Constituyente. Acepté su invitación, y después del culto fui a saludarla. Sonriente como siempre, esa es la última imagen que tengo de ella. 
Pero su legado perdura, entre otras cosas porque...

Leí “La Vida Abundante” -en la traducción de Violeta Cavallero- cuando era casi un niño. Fue Violeta Frisch quien se lo regaló a mi tía, que tenía a ese librito entre sus lecturas preferidas, a pesar de la crítica negativa que le hizo un pastor de su iglesia.



Ese pequeño libro con páginas troqueladas, me impactó. Era hermoso lo que decía, y cómo lo decía.
Una interpretación fresca y renovadora de la Palabra de Dios.
En los primeros años de la década del ochenta, fui a visitar a una misionera suiza que estaba internada en el Hospital Evangélico, y cuál no sería mi sorpresa cuando, señalando hacia la señora que ocupaba la otra cama, me dijo: “Ella es Violeta Cavallero”.
No recuerdo cuál fue nuestra breve conversación esa tarde, pero sí aproveché para expresarle mi admiración por su labor como traductora y como poetisa, ya que había leído algunos de sus poemas en revistas evangélicas.
Nunca la volví a ver, pero ahora rescato su memoria, porque si no hubiera sido por ella, tal vez yo nunca habría conocido la obra de Norman Vincent Peale, el hombre que juntó psicología y espiritualidad de manera admirable.

El reverendo Robert H. Schuller, clérigo de California que construyó una mega-iglesia. la popular “Catedral de Cristal”, dio testimonio de la poderosa influencia que tuvo el Dr. Peale sobre su predicación:  “Ese sermón del Dr. Peale a mi congregación, cambió mi estilo de ‘predicar’ y de ‘dar testimonio'. Me di cuenta en ese momento, que mi trabajo en cada sermón había sido dirigido fundamentalmente a generar un sentimiento de culpa en los corazones.”

La introducción está tomada y adaptada del libro “Guía para una vida apacible”, también de Norman Vincent Peale, traducción de Angel Arnau, Grijalbo, 1969.

Los textos bíblicos, pertenecen casi todos a la clásica –y a esta altura, por su belleza y repercusión, casi mítica- versión Reina-Valera 1960.



CONDICIONANTES PARA LA MENTE y ELEVADORES DEL ESPÍRITU 

por Norman Vincent Peale.


INTRODUCCIÓN



En la vida de un hombre no son las circunstancias lo que más cuenta. Los pensamientos que habitualmente se alojan en tu mente, en cambio, sí que determinan en gran parte lo que será tu paso por este mundo. Tú no eres quien piensas que eres, sino que eres lo que piensas.

Los hombres más sabios de todas las épocas lo han dicho. En Roma, hace veinte siglos, mandaba un emperador lla­mado Marco Aurelio. Se le considera como el hombre más sabio del Imperio Romano. Durante sus campañas militares, se sentaba cerca de una fogata y escribía sus pensamientos. Estos pensamientos fueron recopilados en un libro que lleva por título Soliloquios de Marco Aurelio, que constituye una de las más preciadas herencias de la antigüedad. De entre to­dos sus pensamientos hemos seleccionado el siguiente:

«Tu vida es lo que tus pensamientos hacen de ella».

El hombre más sabio de entre todos los que han vivido en los Estados Unidos ha sido, en opinión de muchos, Ralph Waldo Emerson. Suya es la frase:

«Un hombre es lo que ocu­pa sus pensamientos durante todo el día».

Y el más sabio de todos los libros afirma: 


«Según sean los pensamientos del hombre, así es el hombre».

Lo que tú piensas, lo que has estado pensando du­rante mucho tiempo, lo que pensarás en el futuro, deter­minarán con precisión lo que será tu vida. Tus pensamientos -no me cansaré de repetirlo- condicionan y condicionarán siem­pre tu vida.
Cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo personal. Dale a tus pensamientos la dirección adecuada y todo se con­vertirá en paz interior, felicidad y energía personal.



« No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» 

(Romanos, 12:2)

La frase no puede ser más acertada. Tú puedes trans­formarte a tí mismo, puedes cambiar el mundo en que vives, las condiciones de tu vida hogareña, el estado de tus nego­cios, tu vida entera. Lo único que tienes que hacer es renovar espiritualmente tus pensamientos.

La forma de vida que proponemos en este libro concede gran importancia al poder del pensamiento para cambiar las con­diciones de nuestra existencia. Los pen­samientos espirituales habituales pueden cambiar de forma tal la vida de una persona, que todo puede llegar a ser di­ferente.

Los pensamientos largo tiempo alojados en la mente de una persona son difíciles de modificar. Pensar inadecuadamen­te se convierte en un hábito, y, como tal, es duro de desarrai­gar. Afortunadamente, el cristianismo dispone de la llama­da «experiencia espiritual». Es un proceso por el que el po­der de Dios entra en nuestra mente, a veces instantáneamen­te y con facilidad; otras, con lentitud y muchos escollos. En conse­cuencia, que nadie crea que la experiencia espiritual es siem­pre instantánea. A menudo, mejor dicho, casi siempre, se llega a ella a través de un proceso de crecimiento y de de­sarrollo progresivo. De todos modos, la experiencia espiri­tual es un método que supera a la disciplina psicológica, pues es más efectivo y duradero. En modo alguno pretendo mini­mizar el valor de la psicología, disciplina que cuenta con mi respeto y admiración.

Habitúate a los pensamientos espirituales. De este modo, tu mente estará preparada para el gran cambio.

Lee regular­mente la Biblia. Graba en tu mente los pasajes que consideres más adecuados, los cuales, sin duda, influirán en tu manera de pensar.

Procura relacionarte con personas de vida espiri­tual intensa. No tardarás en comprobar los beneficiosos efec­tos que se derivan de la conversación espiritual.

Ponte en condiciones de recibir el regalo de la experiencia espiritual; acude a la iglesia todos los domingos.

Habitúate a rezar, pero no sólo con los labios, sino con la mente también.

Piensa en Dios y en Cristo cuantas veces puedas.

Persevera sin desmayo en la práctica de estos consejos; llegará el día en que tus pensamientos estarán completamente disciplinados, entera­mente sometidos a tu control. Al final del proceso, la índole de tus pensamientos habrá variado de manera total. Simultánea­mente, habrá cambiado tu vida entera.


 

 

LA VIDA ABUNDANTE





QUÉ SON LOS CONDICIONANTES PARA LA MENTE

Cambia tus pensamientos y podrás cambiar cualquier cosa.
El mundo en el que vives no se determina tanto por las circunstancias externas, como por los pensamientos que habitualmente ocupan tu mente. Tal como los acondicionadores de aire mantienen la atmósfera de una habitación fresca y saludable, así estos Condicionantes para la Mente, o Pensamientos que Condicionan la Mente, darán claridad y poder a tus pensamientos, paz a tu mente, salud a tu cuerpo y vitalidad a toda tu vida.
Hay aquí cuarenta de estos pensamientos que puedes usar, uno por día. Si así lo deseas, los puedes ir imprimiendo y llevarlos contigo para memorizarlos durante el día.


MÉTODO PARA USARLOS

Ya que la felicidad y la eficiencia nuestra dependen de la clase de pensamientos que tenemos, es absolutamente imposible "conocer la felicidad” si pensamos y producimos pensamientos infelices.
Otra versión de la frase ya citada de Marco Aurelio, podría ser esta:
"A la vida del hombre la hacen sus pensamientos".

Si pones pensamientos de temor en tu mente, en ella sólo habrá temor. Llena tu mente con pensamientos de resentimiento, y brotarán las actitudes de resentimiento. Y en ninguno de los dos casos los pensamientos que de ellos surjan te darán felicidad.

Cualquiera sea la condición de tu vida, estos Pensamientos que voy a sugerir son tan poderosos que destruirán todo pensamiento que no sea saludable, no sólo lo destruirán, lo desalojarán de tu mente; y el desplazamiento es el único medio por el cual se puede sacar un pensamiento de la mente, quitarlo por completo.

En mi experiencia de largos años trabajando con personas, he descubierto que los pensamientos más vitales, positivos y creadores son los que se hallan en la Biblia. La Biblia misma dice lo que hará su palabra espiritual:


"Si permaneciereis en mí. y mis palabras permanecieren en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho".

Sencillamente esto quiere decir que si llenas tu mente con las palabras espirituales para que se hundan y penetren tu subconsciente mental, por un proceso de ósmosis espiritual, condicionarás tu personalidad con poder espiritual.
Entonces esa sensibilidad a la voluntad de Dios puede operar en ti, y cada valor importante de esta vida, de los que en verdad valen, será tuyo. Las palabras de la Biblia son poderosos Condicionantes del Pensamiento. Son capaces de revolucionar toda la personalidad.





A través de los años, me he dado cuenta de que ciertos pasajes de las Escrituras tienen particularmente un efecto poderoso sobre los seres humanos. Empecé así a hacer una lista de las palabras recreadoras de la Biblia, que a mí más me ayudaban. Muchas de ellas, las recomendé a otros. Algunas me fueron mostradas por otros en quienes habían ocurrido las demostraciones más asombrosas de vida nueva y gozo. Cuando comencé a aplicarlas en mi propio ser, noté que en verdad tienen un poder tremendo.

El método que he usado más personalmente y como consejero, es sencillamente el de memorizar estos grandes pasajes. Uno los coloca en la mente como si se tratara de un botiquín espiritual, sacando cada uno de ellos de acuerdo a la necesidad, o para enfrentar las demandas de la vida cuando éstas van apareciendo.
Como dijimos, es tratar de que estos pensamientos tengan el poder de desplazar todo aquello que pueda dañarnos.

Se logran los mejores resultados cuando en los momentos libres se repiten estos versículos y pensamientos una y otra vez.
Al ir en autobús o en tren, al lavar los platos, al esperar a alguien, conviene utilizar esos momentos fraccionados para meditar y ponderar estos versículos. Y al hacerlo, de pronto brotará un sentido nuevo de ellos, una nueva percepción y verdad. Y gradualmente, por una profunda terapéutica, entrarán a la mente hasta que tu vida toda llegue a ser una demostración viviente del poder de Dios.

El devocional contiene cuarenta meditaciones, pasajes creativos, vitales. ¿Por qué cuarenta? Principalmente porque en su propia experiencia espiritual más honda, Jesús pasó cuarenta días.
No hay magia en el número cuarenta, pero ocurrió que cuando terminé de coleccionar estos pensamientos había cuarenta de ellos. Hay, por supuesto, muchos otros pasajes vitales. En verdad, uno puede leer y meditar en la Biblia entera toda una vida, y nunca acabar de descubrir su total valor.

Sugiero que tú también explores la Biblia para encontrar muchos otros. Estos son “mis” cuarenta.


El método:

1) Sugiero que leas todo el devocional de una vez para recibir el impacto de cuarenta pensamientos que son grandes perlas de todos los tiempos.

2) Empieza al principio a memorizar un versículo por día. Medita sobre el breve mensaje que lo acompaña. Y practica, sin falta, las técnicas sugeridas.

3) Podría ser que uno o dos de ellos produjeran un efecto particular en ti. Si ése es el caso, imprímelo o escríbelo y ponlo en tu billetera o cartera, bajo el vidrio de tu escritorio o en tu mesita de luz. También puede estar como fondo de pantalla en tu computadora o celular, allí donde lo puedas ver día por día y así llegue a ser tu pensamiento dominante.


Los versículos no están ordenados por problemas o categorías. No están seleccionados tampoco en orden de importancia. Los agrupé de acuerdo a como me venían a la mente, uno detrás del otro. Quizá Dios mismo los eligió para esta tarea y propósito. Te los doy con una oración, para que estos Condicionantes del Pensamiento puedan aumentar tu felicidad y utilidad en la vida.

Para lograr mayor efectividad, es muy recomendable asistir regularmente a los cultos de adoración en alguna iglesia.




 

CONDICIONANTES PARA LA MENTE





"LA PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY; NO COMO EL MUNDO LA DA, YO OS LA DOY.
NO SE TURBE VUES­TRO CORAZÓN NI TENGA MIEDO"
Juan 14:27

Sin un hondo estado interior de quietud, uno se vuelve presa de la tensión, la preocupación y la mala salud.
Una canción, una puesta de sol, la luz de la luna, las olas del mar muriendo sobre la arena de la playa, son como un bálsamo curativo. Pero no tienen el poder de penetrar en los lu­gares recónditos del alma.
Se reclama una terapéutica de hondura y profundi­dad para obtener la quietud curativa. La repetición ha­bitual de este texto, infundirá con el tiempo a toda tu per­sonalidad un completo sentido de paz.
Cuando te sientas tenso o inquieto, siéntate callada­mente y permite que estas palabras pasen sin ningún im­pedimento a tus pensamientos. Imagínatelas como si ellas extendieran un bálsamo curativo por toda tu mente.



"LO QUE ES IMPOSIBLE PARA LOS HOMBRES, ES POSIBLE PARA DIOS"

Lucas 18:27

Este texto muestra cómo hacer lo "imposible."
Mide tu problema, ora sobre él, y haz todo lo que puedas por solucionarlo. Si aparece imposible, no te rindas, sino di afirmativamente: "Lo que es imposible para los hom­bres es posible para Dios".
Mantente descansado. No te preocupes. Rechaza te­ner miedo. Nunca pienses: "Esto no puede hacerse".
De­clara: “Puede hacerse y se está haciendo ahora, porque Dios lo está haciendo a través de mí".
Convéncete interiormente de que el problema se está resolviendo ya. El resultado final quizá no se ajuste a lo que deseas. Pero manejado en este espíritu, la so­lución será lo que Dios quiere que sea.



"RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MÍ"

Salmos 51:10

He aquí­ un fragmento de un versículo que te traerá amigos, salud, felicidad y éxitos. Puede mejorar toda tu disposición y naturaleza.
Esta palabra disposición se refiere a la forma en que tú estás dispuesto a reaccionar frente a otros y a otras situaciones. Si la reacción automática emocional es irritable, celosa, egoí­sta y orgullosa, impide y hasta destruye todas tus relaciones.
Esta cualidad de tu disposición depende de tu espíritu í­ntimo. Este pensamiento acondicionador, usando la palabra "renueva", implica que cuando tú fuiste creado tenías buena disposición. Si permitiste que se deteriorara, el Dios todopoderoso que te creó puede recrear y renovar en ti el perfecto equilibrio de un espíritu controlado.
El puede restaurar ese factor vital de una buena disposición, de un control í­ntimo y sosegado. Que no pase un día, después de hoy, que tú no digas muchas veces: "RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MÍ”

 

 

"VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS TRABAJADOS Y CARGADOS Y YO OS HARÉ DESCANSAR"

Mateo 11:36

Quizás el peso, la carga de la vida te ha cansado. Si es así­, estás llevando la vida pesadamente.
En primera instancia, no son nuestros músculos los que se cansan, sino nuestra mente. Desarrollamos ese sentimiento como de "estar aplastados".
Permite que este texto se disuelva en tus pensamientos como un influjo espiritual.
Si vuelves tus pensamientos a Jesús, Él te hará descansar.
¿Y cómo lo hace?
Una forma que Él usa es enseñándote cómo trabajar. "Aprended de mí" dice Jesús. En otras palabras, “trabaja por mi método”: "MI YUGO ES FÁCIL, Y LIGERA MI CARGA". Es decir, se hace fácilmente.
No te esfuerces, no te oprimas, descansa. Haz una cosa por vez, usando el toque liviano, el golpe fácil.




"POR TANTO OS DIGO QUE TODO LO QUE ORANDO PIDIÉREIS, CREED QUE LO RECIBIRÉIS, Y OS VENDRÁ"
Marcos 11:24

Para orar exitosamente tendrás que emplear afirmación y visualización.
Forma un cuadro en tu mente no de falta, ni de negación, ni de frustración, ni de enfermedad, sino de prosperidad, abundancia, éxito, salud.
Siempre recuerda que recibirás como resultado de la oración exactamente lo que piensas, no lo que estés diciendo. 
Si oras por tener éxitos, pero tu pensamiento está en el fracaso, las palabras son inútiles porque tu corazón ya ha aceptado la derrota.
Por lo tanto, practica creer que mientras estás orando ya estás recibiendo las bendiciones innumerables de Dios, y éstas vendrán a ti.

 

 

"CONFÍA EN EL SEÑOR CON TODO TU CORAZÓN Y NO TE FÍES EN TU PROPIO ENTENDIMIENTO"

Proverbios 3:5

Este texto te ayudará a evitar una crisis nerviosa; y estimulará tu recuperación si has tenido esa experiencia.
Un famoso neurólogo, especialista en agotamiento nervioso, a menudo "prescribe" este texto para sus pacientes.
Lo escribe palabra por palabra en una tarjeta e instruye a sus pacientes a que lo aprendan de memoria y lo 
repitan hasta que quede indeleblemente impreso en su mente subconsciente.
La causa de muchas de las dificultades nerviosas es la frustración. Y el antí­doto para la frustración es, sin duda alguna, la fe; no una fe rutinaria o forzada, sino guiada por Dios.
La cura de la frustración es la fe en que Dios te ayudará a obtener los deseos de tu corazón. Confí­a en Dios con todo tu corazón y podrás continuar trabajando en salud y felicidad por largos años.


"YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA, Y PARA QUE LA TENGAN EN ABUNDANCIA"

Juan 10:10

A muchas personas les falta vigor, les falta energí­a. Su vitalidad es muy baja. Están llenas de conflictos internos que
disipan y gastan la energí­a. Son apáticos y están cansados.
¿Cuál es el secreto de una vida plena de energí­as?
Cristo es la respuesta.
De Él se dijo: "En Él estaba la vida".
Llena tu mente de Cristo, llena tu corazón de Cristo, e inevitablemente la energía, la vitalidad, la exuberancia, el deleite y el ansia de vivir brotarán de tu interior.
Cada día al repetir este texto, dilo de esta manera:
"Cristo ha venido para que yo (pon aquí tu propio nombre) tenga vida y la tenga en gran abundancia".

 

 

"CONFESAOS VUESTRAS FALTAS UNOS A OTROS, Y ROGAD LOS UNOS POR LOS OTROS,

PARA QUE SEÁIS SANOS;

LA ORACIÓN DEL JUSTO OBRANDO EFICAZMENTE PUEDE MUCHO"

Santiago 5:16

Dios cura. Lo hace de dos maneras: por medio de la ciencia y a través de la fe.
En el proceso curativo la confesión es importante, porque muchas enfermedades son el producto de 
resentimientos escondidos y de complejos de culpa. Confesarse con un consejero competente, quita estos envenenamientos, limpia la mente y el alma, impidiendo de esta forma que los pensamientos enfermizos pasen de la mente al cuerpo. La oración eficaz, es decir, la oración cientí­fica, es muy poderosa.
La esencia de esta técnica es confesar nuestros pecados, orar con espí­ritus afines aunque estén separados por la distancia, y entusiasta y fervientemente, creer.

  

"SI DIOS ES POR NOSOTROS, ¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?"

Romanos 8:31

Imagínate mirando a todas tus dificultades como si fueran un ejército alineado contra ti.
Y luego, recuerda que tienes un aliado que puede derrotar totalmente a todos tus enemigos. Mientras enfrentas a estas fuerzas contrarias -desaliento, frustración, desilusión, hostilidad, debilidad- pregúntate: "¿Qué haré con estas cosas?".
Y la respuesta es:
"Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?"
Tómate unos minutos para pensar que Dios está de tu parte, y pronuncia esta afirmación:
"Dios está conmigo. Dios está en mi. Dios es más grande que todas estas cosas".
Luego trata de visualizar a esos enemigos de tu paz y felicidad como un ejército en retirada, rindiéndose ante el
poder de Dios.
Personaliza el versículo diciendo: "Si Dios es por mí, ¿quién contra mí?"
El uso constante de este texto te hará sentir la presencia de Dios, y te dará un poderoso sentimiento de victoria.




 "EL REINO DE DIOS DENTRO DE VOSOTROS ESTÁ"

Lucas 17:21

Cuando estás lleno de duda y bajo el poder de tu sentido de inferioridad, no te rindas diciendo: "Esto no lo puedo hacer. No está en mí el hacerlo."
Tú tienes dentro de ti ‘eso’ para hacerlo, Dios ha colocado en tu personalidad toda la habilidad que necesitas.
Tan sólo tienes que creer en ti mismo, y entonces brotará la fuerza que hay dentro de ti.
Al repetir el texto dilo así: "La abundancia de Dios, la paz y el poder están dentro de mí. No me falta nada".

 

 

"PORQUE NO NOS HA DADO DIOS ESPÍRITU DE COBARDÍA,

SINO DE PODER, DE AMOR Y DE DOMINIO PROPIO"

2da. Timoteo 1:7

Todos tus temores pueden curarse por este texto.
Nos dice primero que al miedo se le vence por la fortaleza, por el poder.
¿Qué poder? Hay un solo poder más fuerte que el temor y el miedo, y ese poder es la fe. Cuando el miedo venga 
a tu mente, enfréntalo con una afirmación de fe.
Segundo: el amor vence al miedo. Por amor se quiere decir confianza, seguridad completa, dependencia de Dios.
Practica esta actitud y el miedo irá desapareciendo.
El tercer elemento es lograr una mente templada, en la que no hay complejos, rarezas, obsesiones. Vive con el pensamiento de Dios y desarrollarás una mente templada donde ningún temor sombrí­o puede vivir.
Cuando tengas miedo, enfrenta aquello que temes con las palabras de este texto.

 

 

"ME HAS GUIADO SEGÚN TU CONSEJO, Y DESPUÉS ME RECIBIRÁS EN GLORIA"

Salmos 73:24

Quizá tengas hoy un problema que te tiene confuso.
Permite que este texto penetre tu mente hasta que se vuelva un concepto dominante. Ello te traerá algunas cosas muy importantes para ti: traerá para ese problema que hay en tu mente esa honda y profunda percepción 
de sabidurí­a llamada comprensión, entendimiento.
Si pones cada problema en las manos de Dios, le pides que te dé la respuesta debida, crees que Él está haciendo
justamente eso, y te apropias de la guía y orientación que de Él viene, puedes estar seguro de que tus decisiones
serán justas y verdaderas.

  


"POR TANTO TOMAD TODA LA ARMADURA DE DIOS, 
PARA QUE PODÁIS RESISTIR EN EL DÍA MALO Y ESTAR FIRMES, 
HABIENDO ACABADO TODO"
Efesios 6:13

Este es uno de los mejores procedimientos para conservar la salud mental.
Enseña que cuando hemos hecho todo lo que podemos sobre algo en particular, no tenemos que preocuparnos más, ni dejar que nos domine el pánico o la ansiedad, sino asumir una actitud filosófica de calma y quietud en relación con lo que nos preocupa.
Cuando has hecho todo cuanto puedes, no trates de hacer más, limítate a permanecer firme. Descansa, detente, estate quieto, deja de pensar en el asunto. Has hecho todo lo que tú podías. Deja los resultados a Dios.

 

 

"DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA,

NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES"

Salmos 46:1

Cuando surge la dificultad, lo que quieres es consuelo y protección. Quieres también fuerzas para ponerte de pie y enfrentar el problema. Puedes tener ambas cosas.
El texto contiene la respuesta. Recuérdate constantemente que Dios está contigo, que nunca te abandonará, que puedes contar con Él.
Dilo con estas palabras: “Dios está conmigo, ayudándome.”
Esto te será de sostén. Nueva esperanza fluirá en tu mente. Vendrán nuevas ideas. Te sentirás más seguro de ti 
mismo, más fuerte. Y como resultado te elevarás por sobre tus dificultades.
Cuando tengas que resolver cualquier asunto difícil, antes de hacer cualquier otra cosa, siéntate calladamente, repite este texto una media docena de veces, y pon en él toda tu fe.

 

"EL ENTENDIDO EN LA PALABRA HALLARÁ EL BIEN,

Y EL QUE CONFÍA EN JEHOVÁ ES BIENAVENTURADO"

Proverbios 16:20

Para vivir exitosamente debemos vencer la ineptitud errada, la tendencia a decir y a hacer lo que está mal.
Debemos desarrollar la destreza y el toque mágico y hábil que hace que las cosas salgan bien.
Si las cosas salen mal, no le eches la culpa al destino. Es casi seguro que van mal porque te falta el 
entendimiento debido, y el enfrentarlas con eficacia.
Si este es el caso, lo que tú necesitas es sabiduría.
Si permites que el texto de hoy penetre de tu conciencia a lo subconsciente de tu mente, corregirá el método
errado dentro de ti y gradualmente te dotará de sabiduría.

 

 

"INCLINAD VUESTRO OÍDO Y VENID A MÍ; OID Y VIVIRÁ VUESTRA ALMA"

Isaías 55:3

La mayoría de las personas vive en la superficie. Se pierden así las cosas más sorprendentes. Miran, y sin embargo, no ven.
Y la razón es que, en realidad, no están mirando.
Lo mismo puede decirse acerca de lo que oyen. Oyen sólo con el oído externo. Por ejemplo, van a la iglesia, pero el Evangelio no penetra más allá de su mente consciente.
Es que no escuchamos con todas nuestras facultades, no nos “perdemos” a nosotros mismos en ello.
Pero cuando uno inclina su oído y escucha como si en ello le fuera la vida, recibiendo cada palabra, permitiendo que penetre en su mente por una voluntad honda y poderosa, entonces el mensaje le llega como una fuerza curativa para todo su ser.
Allí se mata todo germen de enfermedad espiritual, y se vive con una salud y energía renovadas.

 

 


"AQUEL QUE ES PODEROSO PARA HACER TODAS LAS COSAS MUCHO MÁS ABUNDANTEMENTE DE LO QUE PEDIMOS O ENTENDEMOS, 
SEGÚN EL PODER QUE ACTÚA EN NOSOTROS"
Efesios 3:20

Recuérdate una y otra vez durante el día que nada es demasiado bueno para ser verdadero.
Tus esperanzas más grandes pueden realizarse. Tus sueños más maravillosos pueden tornarse realidad.
Puedes llegar a poseer todo lo que en realidad necesitas, una bondad increíble está a tu favor.
Si estás viviendo una vida limitada, resuélvete a cambiarla ahora.
Tienes que estar a la expectativa de que ocurrirán grandes cosas. Recibe confiadamente las abundantes
bendiciones de Dios. No pienses en necesidad. Piensa, puebla tu mente de prosperidad, abundancia, de todo lo 
que es mejor.
Dios desea darte a ti, que eres su hijo, lo mejor de todas las cosas. No limites o impidas su generosidad.



 

"PEDID Y SE OS DARÁ, BUSCAD Y HALLARÉIS, LLAMAD Y SE OS ABRIRÁ"

Mateo 7:7

Esta es una técnica muy práctica de la oración. Da unos resultados maravillosos. Una de las razones por las que
nuestras oraciones no tienen respuesta, es que en realidad no estamos en la expectativa; al orar, no esperamos recibir nada.
Somos pedidores expertos, y recibidores sin experiencia.
Esta fórmula espiritual nos habla de pedir, e inmediatamente concebir en nuestra vida la idea de que ya
lo estamos recibiendo.
Por ejemplo, para librarnos del miedo, pidámosle al Señor que nos dé esa liberación del temor, y creamos que Él ya inmediatamente lo ha realizado.
En el mismo instante en que pides al Señor
que te ayude, si lo haces de corazón y crees que tu oración está siendo respondida, ya tu oración tiene su respuesta.

 

 

"HE APRENDIDO A CONTENTARME CUALQUIERA SEA MI SITUACIÓN"

Filipenses 4:11

Quizá no te guste la situación en la que estás. Quizá estés desalentado e insatisfecho. Pon el asunto
en las manos de Dios. Si Él quiere que estés en otro lugar, te guiará allá siempre que tú estés dispuesto
a dejarte guiar por Él.
Pero quizá Él desea que te quedes donde estás. En ese caso, te ayudará a adaptarte a la situación.
Te dará contentamiento, y te hará hasta sentirte agradecido por las oportunidades que se te presentan.
Aprende el gran arte de hacer lo mejor que esté de tu parte, con lo que tienes, y allí donde estás.
Cuando haces esto, aprendes a sacar el máximo provecho de tus cualidades para amoldarte a tu vida actual,
o bien para mejorar tu situación presente.

 

 

"ALMA MÍA, EN DIOS SOLAMENTE REPOSA, PORQUE DE ÉL ES MI ESPERANZA"

Salmos 62:5

Uno de los hechos más serios y poderosos de la naturaleza humana, es que es casi seguro que uno reciba
lo que se imagina que recibirá. Si usas años de tu vida desarrollando la actitud mental de creer que las cosas
no van a salir bien, es casi seguro que ése sea el resultado. Estás creando una condición mental inclinada hacia
un resultado negativo.
Si por el contrario desarrollas y mantienes una actitud mental de fe y expectativa -esperando, soñando,
creyendo, orando, trabajando- crearás condiciones en las cuales puede crecer todo lo que es bueno y permanente.
Llena tu mente con el poder positivo de una expectativa espiritual, y Dios y su buena voluntad fluirán hacia ti.

 

 

"SED TRANSFORMADOS POR LA RENOVACIÓN DE VUESTRA MENTE"

Romanos 12:2

La gente muchas veces fabrica su propia desgracia e infelicidad, por la manera negativa con que mira
las cosas. Trabaja con tu mente, ejercita control de disciplina, y redirige tus pensamientos hacia una vida
más rica y feliz. Limpia tu mente. Para conseguirlo, imagina que estás echando fuera cada pensamiento 
destructivo, cada temor, cada sentimiento de inferioridad. Imagínate que tienes ahora la mente completamente vacía. Entonces comienzas a llenarla con todo pensamiento de Dios y de Cristo, pensamientos bellos, sanos y positivos.
Practica este nuevo hábito con regularidad, dos veces al día, de mañana y de noche, para contrarrestar la vieja
y perniciosa costumbre de permitir que tu mente fuera ocupada con pensamientos destructivos.
A su debido tiempo, esos pensamientos infelices, negativos, no estarán cómodos en tu mente,
y los pensamientos positivos y felices te transformarán.

 

 

"ESFUÉRZATE Y SÉ VALIENTE; NO TEMAS NI DESMAYES, PORQUE JEHOVÁ TU DIOS

ESTARÁ CONTIGO EN DONDEQUIERA QUE VAYAS"

Josué 1:9

He aquí un estímulo mental de tremendo poder, que si lo recibes y lo retienes en tu consciente te dará valor
para vencer cualquier dificultad. Nada debes temer.
Quizá te preguntes cómo tan sólo estas palabras pueden tener resultados tan grandes, pero nunca 
empequeñezcas ni disminuyas la fuerza creadora de una idea viva, activa.
Un concepto mental tiene más voltaje que la electricidad: las ideas son las que cambian las civilizaciones.
Fue Emerson el que dijo: "CUIDAOS DE LA IDEA A LA QUE LE HA LLEGADO SU HORA".

 

 

"MAS A TODOS LOS QUE LE RECIBIERON... LES DIO PODER"

Juan 1:12

Puedes poseer dentro de ti mismo toda la energía que puedas necesitar en el curso de tu vida.
El método para conseguir esa energía es muy sencillo y depende únicamente de ti. Este texto te da la fórmula.
Consiste en recibir a Cristo. Cuando haces esto sinceramente, recibes a cambio torrentes de energía.
¿Cómo recibir a Cristo? Es muy sencillo: toma la decisión, díselo y hazlo realidad. Entonces, desde hoy, empieza a vivir en base de lo que sabes que El aprueba.
La esencia de la fórmula es rendirse a la voluntad de Dios y al camino y método de Cristo. Es la aceptación de una nueva manera de pensar y de vivir.
Continúa rindiéndote cada día a su voluntad, y en la proporción en que lo hagas empezarás a sentir la energía espiritual fluyendo en ti.



"PORQUE EL TEMOR QUE ME ESPANTABA ME HA VENIDO, Y ME HA ACONTECIDO LO QUE YO TEMÍA"
Job 3:25

Este versículo encierra una advertencia muy seria. Si por un largo período de tiempo una persona vive temiéndole a algo, hay una tendencia a que ese temor se haga realidad.
Por ejemplo, si temes que vas a fracasar y constantemente tienes pensamientos de fracaso, crearás una condición mental que propiciará el fracaso. Los factores creativos, positivos, de éxito, serán repelidos, desechados por tu mente, porque ella ya está llena de actitudes de derrota.
Si por el contrario sostienes el pensamiento de fe, el pensamiento positivo, crearás a tu derredor una atmósfera propicia al éxito, a la salud y al bienestar.



"UNA COSA HAGO: OLVIDANDO CIERTAMENTE LO QUE QUEDA ATRÁS, Y EXTENDIÉNDOME A LO QUE ESTA DELANTE, PROSIGO A LA META, AL PREMIO DEL SUPREMO LLAMAMIENTO DE DIOS EN CRISTO JESÚS"
Filipenses 3:13, 14

Todo ser humano, si quiere tener salud mental y vivir con éxito, debe apartarse de los fracasos y errores del pasado y proseguir adelante sin permitir que aquellos le opriman y sean una carga. El arte de olvidar es absolutamente necesario. Cada noche cuando te entregues al sueño, practica "dejar caer" el día en el pasado. Se acabó, está terminado. Mira confiadamente al futuro con Dios.



"EN TODAS ESTAS COSAS SOMOS MÁS QUE VENCEDORES POR  MEDIO DE AQUEL QUE NOS AMÓ. POR LO CUAL ESTOY SEGURO DE QUE NI LA MUERTE, NI LA VIDA, NI ÁNGELES, NI PRINCIPADOS, NI PODERES, NI LO PRESENTE, NI LO POR VENIR, NI LO ALTO, NI LO PROFUNDO, NI NINGUNA OTRA COSA CREADA NOS PODRÁ SEPARAR DEL AMOR DE DIOS QUE ES EN CRISTO JESÚS SEÑOR NUESTRO"
Romanos 8:37-39

Estas palabras quieren decir que no importa lo que pase, nada puede separarte del amor y la protección de Dios. El secreto es crear en tu mente, día por día, el conocimiento y la realidad de la presencia de Dios y de su amor por ti. Esfuérzate en grabar esto en tu mente hasta que se vuelva un hecho firme e inconmovible.



"SI ALGUNO TIENE SED, VENGA A MÍ Y BEBA"
Juan 7:37

De tanto en tanto surgen anhelos insatisfechos dentro de nuestro ser. Pareciera que tenemos todo cuanto podamos desear y deberíamos sentirnos plenamente satisfechos. Pero, sin embargo, en nuestro interior hay algo que nos impide ser felices. Cuando te asalte ese sentimiento, repite este versículo varias veces. Mientras lo haces, imagínate cómo se vería Jesús al decir estas palabras: su bondad, su comprensión, la paz de su rostro. Imagínate recibiendo de Él un vaso de agua fresca, símbolo del agua de la vida que calma la sed para siempre. Convéncete de que Él satisface todas y cada una de las necesidades de tu alma. Una paz honda, íntima, crecerá gradualmente y se apoderará de ti.



"AMAD A VUESTROS ENEMIGOS, BENDECID A LOS QUE OS MALDICEN, HACED BIEN A LOS QUE OS ABORRECEN, Y ORAD POR LOS QUE OS ULTRAJAN Y OS PERSIGUEN"
Mateo 5:44

Haz una lista de todos cuantos te han herido o maltratado, o de aquellos por quienes no sientes ninguna simpatía. Luego ora por nombre por cada uno de ellos, y sinceramente perdónalos de todo corazón. Pídele al Señor que los bendiga. Dile al Señor que en verdad éste es el deseo de tu corazón. Rechaza todo pensamiento de que, después de todo, tu resentimiento “está más que justificado”.
Luego di cosas buenas y positivas de esas personas a otros. Haz todo cuanto esté de tu parte para ayudarlos. Esto, con el tiempo, derribará muchas barreras, y si no, el efecto que ejercerá sobre ti será sorprendente. Abrirá los canales por los cuales tú recibirás poder espiritual.   



"TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE"

Filipenses 4:13

Este es un antídoto contra cualquier sentimiento de derrota. Si te sientes abatido por las circunstancias y se te hace difícil seguir adelante, este pensamiento te recordará que no tienes por qué confiar en tus propias fuerzas, sino en que Cristo está contigo y ahora mismo te está dando toda la ayuda que necesitas.
Aprende a creer que con la ayuda de Cristo tú lo puedes todo. Al continuar con esta afirmación en verdad experimentarás la ayuda de Cristo. Te encontrarás que confrontarás los problemas con nuevo poder mental. Llevarás con facilidad las cargas más pesadas. Tu nuevo poder para sobrellevar las cosas te asombrará.



"EN ÉL VIVIMOS, Y NOS MOVEMOS, Y SOMOS"

Hechos 17:28

Este texto es una receta, una fórmula para mantener la energía física, mental y espiritual. La tensión y presión de la vida moderna debilitan extraordinariamente nuestras energías. Pero he aquí un método para renovarlas. El texto nos recuerda que Dios nos creó y que puede, constante y automáticamente, recrearnos. El secreto es mantenernos en contacto con Dios. Esto canaliza la vitalidad, la energía y el constante reabastecimiento de nuestro ser.
Cada día. preferentemente alrededor del mediodía, cuando sentimos el típico “descenso” en nuestras fuerzas, repitamos este texto imaginándonos que estamos “enchufándonos”, poniéndonos en contacto con el poder y la línea espiritual. Afirmemos que la energía recreadora de Dios está restaurando fuerza y vigor a cada parte de nuestro cuerpo, mente y alma.           



"TÚ GUARDARÁS EN COMPLETA PAZ A AQUEL CUYO PENSAMIENTO EN TI PERSEVERA"
Isaías 26:3

Si tu mente está llena de pensamientos de derrota, de temor, de resentimiento, estarás en un estado de desasosiego mental, hasta en desesperación, y allí no puede haber paz íntima.
Este pasaje te aconseja pensar en Dios, mantener tu mente "fija", no en tus dificultades, sino en Dios.
Durante el día, pon tu mente en Dios tanto tiempo como te sea posible,. Esto puede resultarte difícil al principio, ya que no estás acostumbrado a la concentración espiritual. Sólo la práctica constante lo hará cada vez más fácil.



"PORQUE CUALQUIERA QUE DIJERE A ESTE MONTE: QUÍTATE Y ÉCHATE EN EL MAR, Y NO DUDARE EN SU CORAZÓN, SINO CREYERE QUE SERÁ HECHO LO QUE DICE, LO QUE DIGA LE SERÁ HECHO"

Mar. 11:23

Casi por sí solo, este pasaje puede revolucionar tu vida y cambiar tu derrota en victoria.
¿Qué es lo que dice? Que tu "montaña", esa obstrucción parecida a una roca, esa barrera tremenda puede ser derribada y apartada para siempre del camino de tu vida. No debes dudar "en tu corazón". No permitas que ningún pensamiento negativo exista en tu mente subconsciente.
Ora para que esas dificultades altas como montañas sean quitadas, y mientras oras continúa creyendo que esto se está haciendo aquí y ahora. No tengas la idea un tanto vaga, incierta, de que “esta montaña desaparecerá alguna vez, en el futuro”.
Cree confiadamente que Dios la está quitando ahora mismo para ti.          



"LOS QUE ESPERAN A DIOS TENDRÁN NUEVAS FUERZAS; LEVANTARÁN ALAS COMO LAS ÁGUILAS; CORRERÁN, Y NO SE CANSARÁN; CAMINARÁN, Y NO SE FATIGARÁN"  
Isaías 40:31

Esta preciosa frase describe la experiencia más gloriosa que te pueda ocurrir jamás. Se llama “la experiencia espiritual”.
La logras al rendirte completamente a Dios y experimentar su presencia. Entonces las pesadas cargas de tu vida desaparecen, y te sientes elevado como las águilas a niveles de libertad y poder.
Pero nadie puede permanecer en esa exaltación espiritual. Sin embargo, el poder permanece contigo y te capacita para ir por la vida con una habilidad y una energía que nunca antes tuviste. Dicho de otro modo, podrás “correr sin fatigarte”.
Y aun al encontrar situaciones en el diario vivir difíciles y monótonas, este poder es tan grande que te hará continuar sin decaimiento en tu fuerza y sin aburrirte.
La experiencia espiritual empieza por elevarte a un nivel más alto, y luego te ayuda a continuar con ese poder permanentemente.



"COSAS QUE OJO NO VIO, NI OÍDO OYÓ, NI HAN SUBIDO EN CORAZÓN DE HOMBRE, SON LAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN"
1ra. Corintios 2:9

Quizá la vida se te ha vuelto difícil, hasta desalentadora. Tal vez consideras que ya no tiene “sabor”, que no vale la pena.
El texto de hoy te devolverá el deseo de vivir.
Te dice que tú jamás has visto, ni oído, ni te has podido imaginar todo lo maravilloso de las fascinantes cosas que Dios hará por aquellos que le aman, que confían en Él y que ponen en práctica sus enseñanzas.
Al rendir tu vida a Dios, cada experiencia del diario vivir se hará cada vez más maravillosa.



"ECHA SOBRE EL SEÑOR TU CARGA Y ÉL TE SUSTENTARÁ; NO DEJARÁ PARA SIEMPRE CAÍDO AL JUSTO"
Salmo 55:22

La mente puede sobrellevar tan sólo cierta cantidad de presión y peso. Cuando se apilan las cargas mentales, una sobre otra, a no ser que haya alivio, acarrean problemas serios, que resquebrajan la vida toda. Afortunadamente, tú no necesitas llevar solo tu carga, sin ayuda. Dios te ayudará a llevarla.
Pero, ¿cómo se hace esto? Dios nos ayuda a través de nuestra mente.
Habitúate a pensar que Dios está realmente contigo. Cuéntale de tus cargas, y cree que Él te ayuda. Imagínate a ti mismo pasándole tus cargas al Señor.
Él está dispuesto a sobrellevarlas y está perfectamente capacitado para hacerlo. Pero, y esto es muy importante: no se las des a medias, ni las vuelvas a sacar de su control.
Deja que Dios se encargue de ellas. Él sabrá cómo manejarlas.




"SI ALGUNO ESTÁ EN CRISTO, NUEVA CRIATURA ES; LAS COSAS VIEJAS PASARON; HE AQUÍ TODAS SON HECHAS NUEVAS"

2da. Corintios 5:17

Nunca te desanimes de ti mismo. Quizá hayas tratado toda tu vida de liberarte de tus debilidades, tus obsesiones, tus celos, tus pecados, tu complejo de inferioridad, etc., sin ningún resultado.
El fracaso se debe, probablemente, a que has estado luchando únicamente con tus propias fuerzas. Ese es un proyecto largo, cansador, y esencialmente imposible.
Pero, tan alto objetivo puede ser alcanzado instantáneamente con la ayuda de Cristo.
Lo que tú necesitas es decirle sencillamente a Él: "Señor, no quiero continuar siendo lo que soy". Lo tienes que decir con toda sinceridad, de corazón.
Él hará lo que tú no puedes hacer por ti mismo: efectuar un cambio permanente en ti. Pídele que haga de ti una nueva criatura.          



"ESTE ES EL REFRIGERIO"

Isaías 28:12

Estas breves palabras pueden compararse a un manantial de agua fresca, por su cualidad renovadora.
El uso frecuente del texto de hoy tiene un efecto fortalecedor.
De vez en cuando, después de un día muy atareado, o mismo en medio de actividades absorbentes, detente y di una y otra vez estas palabras. Verás cómo se disipa el cansancio, y se refrescan el cuerpo, la mente y el espíritu.
El mejor método para usar estas palabras es repetirlas pausadamente, poniendo énfasis en su suave y quieta música.
Al mismo tiempo, imagina que la paz, el descanso y la renovación vienen a tu encuentro.



"BUSQUÉ AL SEÑOR, Y ÉL ME OYÓ, Y ME LIBRÓ DE TODOS MIS TEMORES"

Salmo 34:4

Una cura para el temor que dará resultados absolutos es acercarte a Dios en tus pensamientos. Él es el único factor cierto, Él siempre es el mismo. Nunca te dejará ni te olvidará.
Si te ves acosado por el temor, haz lo que dice el versículo: "Busca al Señor". Para hallarlo, no tienes más que dedicar quince minutos diarios a pensar en Él, exclusivamente en Él.  
Si quieres, puedes dividir esto en períodos de cinco minutos, pero nunca dejes pasar un día sin pensar quince minutos en Dios.
Di lo siguiente cada día: "Dejo mis problemas, mi futuro, mis seres queridos y mi propia persona en las manos de Dios, y confío en Él".
Tres veces al día agradécele a Dios por sus misericordias y bondades. Muy pronto tu vida estará llena de Dios, y por ende, vacía de todos los temores.



"Y CUANDO ESTÉIS ORANDO, PERDONAD, SI TENÉIS ALGO CONTRA ALGUNO"

Marcos 11:25

Si no estás recibiendo respuesta a tus oraciones, haz un examen de conciencia total y sincero para descubrir si hay resentimientos en tu mente.
El poder espiritual no puede pasar a través de una personalidad en la que hay resentimiento. El odio es elemento no conductor de la energía espiritual.
Sugiero que cada día al orar agregues esta frase: "Señor, quita todo pensamiento de mala voluntad, quejas, celos, odios". Luego esfuérzate por expulsar de tu mente estos pensamientos.



"YA NO TENDRÁN HAMBRE NI SED, Y EL SOL NO CAERÁ MÁS SOBRE ELLOS, NI CALOR ALGUNO; PORQUE EL CORDERO QUE ESTÁ EN MEDIO DEL TRONO LOS PASTOREARÁ, Y LOS GUIARÁ A FUENTES DE AGUAS DE VIDA; Y DIOS ENJUGARÁ TODA LÁGRIMA DE LOS OJOS DE ELLOS"
Apocalipsis 7:16-17

Este es uno de los pasajes de mayor consuelo en toda la literatura.
Nos enseña que aquellos que amamos están en un lugar de paz y belleza indescriptibles. Que están bajo el cuidado vigilante de Dios y que constantemente experimentan su amor. El hambre y la sed profunda de sus almas han sido plenamente satisfechos.
Dios, como una tierna madre les da su protección, y con sus manos amorosas borra toda lágrima de sus ojos. Esto es lo que Él ha hecho por aquellos que amamos y que ya no están físicamente a nuestro lado, sino en su presencia.
Y si tú aprendes ahora a amar este pasaje y meditas en su profundo significado, Él también enjugará toda lágrima de tus ojos.


*********************************************************




**SEGUNDA PARTE**


ELEVADORES DEL ESPÍRITU





MÉTODO PARA EL EMPLEO DE LOS ELEVADORES DEL ESPÍRITU

1.   Lee esto de principio a fin, sin interrupción, si es posible, con objeto de darte cuenta del propósito del autor al escribirlo.

2.   Luego lee un ELEVADOR DEL ESPÍRITU cada día, y sólo uno, durante 31 días consecutivos. Intenta sinceramente aprendértelo de memoria. Lo que queda grabado en la mente permanece en el subconsciente, constituyendo una gran poten­cia curativa y regeneradora, pues es el subconsciente lo que realmente rige nuestra vida.

3.   Durante el día, tantas veces como te sea posible, repi­te en voz alta, si puedes, el pasaje correspondiente, sabo­reando su significado y sintiendo cómo penetra en el interior de tu espíritu.

4.   Una vez al día busca la oportunidad de repetir el pa­saje a otra persona. Y, si consideras que dicha persona puede aceptarlo de buen grado, explícale su significado. Esto es muy interesante, porque lo que tú le das a otro, no sólo le beneficia a él, sino también a ti.

5.   Cada noche, al acostarte, di para ti mismo lo que si­gue: «EL ELEVADOR DEL ESPÍRITU que he leído y apren­dido hoy está profunda e indeleblemente grabado en mi me­moria. Y ahora tonifica mis pensamientos con su efecto cu­rativo y refrescante.»

6.   Imagina constantemente que tu mente se está «saturando» de estos pensamientos creadores y dinámicos. Lentamente, pero con seguridad, este proceso hará de ti una persona nueva.     
Sé consciente de la energía que existe dentro de ti, y nunca más volverás a ser víctima de la depresión.

¿Cuál es esta energía interior? Simplemente, la habilidad de creer que Dios nos ha dado algo.
Tu capacidad para asimilar las derrotas y fracasos de la vida está en razón directa con esta facultad de creer. El secreto es, pues, aprender a creer.

Esto es lo que dice uno de los más importantes pasajes de la Escritura:

“Jesús le dijo: Sí puedes creer, al que cree todo le es posible”
(Marcos, 9:23)




Aprende a creer. Aprende a rechazar las dudas.
Para lograrlo, afirma tu fe, piensa positivamente, imagina que todo sale bien. Nunca permitas que la duda se aloje en tu mente. Ten siempre fe.

Este texto no quiere decir que tengas que conseguir todo cuanto te propongas. Sin embargo, es cierto que, a más fe, mayores posibilidades de obtención de aquello que se desea de corazón.
El texto dice, no obstante, que cuando uno aprende a creer, el área de lo imposible queda considerablemente reducida, mientras que la zona de lo posible se agranda en la misma proporción.
Si pones este texto en el centro de tu pensamiento, jamás volverás a ser víctima de la desmoralización.

En la Biblia podemos leer las mil cosas maravillosas que Jesús hizo por la gente, y no podemos negar que nos gustaría también poder hacer cosas parecidas. A través de la fe en Jesucristo fueron capaces de realizar verdaderas maravillas, o supieron superar graves dificultades.
Con cierta tristeza, nos preguntamos: «¿Por qué no puedo yo tener esas cualidades?»
Sí puedes tenerlas, sin duda alguna, y para que te convenzas te recomiendo que medites en el significado de este poderoso Elevador del Espíritu:

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”
(Hebreos 13:8)

La sencilla verdad expuesta en este pasaje es que Jesucristo nunca cambia. Él es un factor invariable en un mundo siempre cambiante. Él solo, de entre todos los hombres, no es prisionero de su época. Es el mismo ahora que cuando andaba por el desierto de Galilea. Tiene la misma bondad, el mismo poder curativo, el mismo poder para cambiar la vida de los hombres. Es el mismo restaurador del ánimo, el mismo transformador de almas.

Cualquiera de las cosas que desde su llegada al mundo ha hecho por muchas personas, puede hacerla por ti. Todo depende del grado en que te sometas a Él; todo depende de la sinceridad de tu fe.

Un muy notable ELEVADOR DEL ESPÍRITU es el constituido por un versículo que enseña cómo obtener los valores que convierten la vida en algo pleno de riqueza. Entre tales valores podemos citar la paz, la tranquilidad, los bienes materiales necesarios, la amistad y otras cosas igualmente precisas.
La fórmula se halla en las siguientes palabras:

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”
(Mateo 6:33)




Primero se nos dice que busquemos el Reino de Dios, un estado existencial caracterizado por los atributos que asociamos con Dios: fortaleza, integridad, protección, bondad, fe, amor. Procura ser de ese modo y las bendiciones vendrán a tu encuentro.
Se nos dice también que tengamos la justicia de Dios, pero no una justicia en un sentido de rigor, sino de bondad, de rectitud.
Aprendamos a pensar correctamente, a pensar habitualmente bien. El pensamiento correcto es el que está gobernado por la inteligencia; es un pensamiento positivo, no negativo; desprendido, no egoísta; creador, no destructivo; bondadoso, no rencoroso. Es, para decirlo en pocas palabras, la apropiación de la manera de pensar de Cristo.

Emplea estas actitudes y «todo lo demás» —todo lo que tú necesitas para vivir bien— te será dado con creces.

Yo solía verme atormentado por sentimientos de inseguridad. La incertidumbre a veces me hacía sufrir mucho, y decidir cualquier cosa era para mí un verdadero problema, especialmente cuando tenía que adentrarme en terrenos desconocidos. Para vencer este molesto sentimiento, me fueron de gran ayuda las siguientes palabras:

“Yo estoy contigo, y te bendeciré a dondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra; y no te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”
(Génesis 28:15)

El confortante hecho aquí expresado es que Dios estará contigo en todo momento y lugar. Significa que tú nunca estás solo. Dios está siempre contigo.

Además, el texto te asegura que Él te ayudará y te guiará en todas cuantas empresas te haya inspirado.

Repite este versículo hasta que tomes conciencia de que Él está contigo y que está dispuesto a ayudarte.

Un gran sabio y médico notable hizo, en un artículo, esta curiosa pregunta:
“¿Es usted lo bastante feliz como para vivir muchos años?”
 Afirmaba que en entre un 35 y 50 % de todas las enfermedades, la infelicidad representa un papel fundamental.

Las siguientes palabras constituyen un buen medicamento contra la desdicha:

“El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”
(Proverbios, 17:22)




La alegría posee gran valor terapéutico, mientras que la tristeza y la depresión secan la vida. Tal vez es por eso que Jesús nos dice que nos alegremos. Todos deberíamos aprender a vivir con alegría. Esto no significa, naturalmente, que deba­mos tomarlo todo a broma. Pero sí quiere decir que debe­mos verlo todo con optimismo y esperanza.

Uno puede alimentar pensamientos de índole alegre; puede decir cosas alegres y optimistas; puede buscar el modo de ale­grar la vida de los demás. Si haces esto, ayudarás al prójimo y te ayudarás a ti mismo.

Cuando la desmoralización te aceche, repite este versículo una y otra vez. La depresión no tardará en alejarse.
Son muchas las personas que han experimentado una pu­rificación interior y, por consiguiente, una purificación espiri­tual, a través del texto que sigue:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”
(Juan 15:3)

Este ELEVADOR DEL ESPÍRITU nos dice que las palabras habladas por Jesucristo poseen un extraño y místico poder. Si tales palabras las llevamos grabadas en el cerebro y las com­prendemos a la perfección, entonces todo será posible para no­sotros.
Como muy bien dice la Biblia: «Pedid lo que quisiereis, y se os dará.»

¿Cómo pueden las palabras de Jesucristo purificar a los hombres y permitirles lograr tan gran resultado? Enseñándo­les a pedir y obtener perdón por los malos pensamientos y acciones; trocando en pureza la impureza de sus pensamien­tos. Si uno llena su mente de fe, experimenta un maravilloso lavado de cerebro, convirtiéndose en «más blanco que la nieve».

Al practicar el amor del que nos habla Jesucristo, el odio desaparece de la mente. A través de la confesión a Dios y de la fe en Cristo, todos los pecados quedan perdonados. Ya no ejer­cen influencia alguna sobre nosotros. La pureza interior así conseguida es una maravillosa fuente de moral.

Para el hombre apenas si existe alegría mayor que la de saberse preparado para afrontar sus responsabilidades. Este convencimiento contribuye grandemente a mantener la dicha y el optimismo. Es dificilísimo, por el contrario, levantarse cada día con la sensación de saberse débil e inepto. Cuando uno adopta esta actitud, la vida se convierte en algo excesiva­mente pesado, y es entonces cuando el desaliento hace presa en el cuerpo y el espíritu.

He aquí un medicamento eficaz contra tan descorazonador sentimiento:

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios. Yo te fortaleceré y vendré en tu ayuda, y con la diestra victoriosa te sostendré”
(Isaías 41:10)




Ésta es una importantísima promesa que Dios nos hace. No importa lo tremendos que sean tus problemas, no tienes por qué temer. Repito: no tienes por qué desmoralizarte, pues Dios dice que te ayudará y fortalecerá. De hecho, te promete que te sostendrá en cualquier situación.

Acepta este gran hecho. Graba este texto en tu mente y repítelo una y otra vez, hasta que la robustez de su significa­do se adentre hasta el último rincón de tu espíritu.
El espíritu, al igual que el cuerpo, debe ser revitalizado. Y nuestro espíritu no puede mantenerse a un nivel elevado, si lo alimentamos únicamente con manjares terrenos.

La belleza de la tierra, las maravillas del firmamento, la buena música, la pintura, etc., ejercen un efecto profundamen­te benéfico, pero pasajero. Busquemos, pues, aquello que sa­tisface plena y permanentemente.
Para conseguirlo disponemos de una fórmula maravillosa. Es la siguiente:

“Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”
(Juan 4:14)

Este pasaje nos dice que cada deseo vehemente del espíri­tu humano encuentra duradera satisfacción en el mensaje de Jesús. Su efecto sobre el espíritu consiste en proporcionar al subconsciente, que es el lugar del alma humana donde re­side Dios, unos recursos maravillosos. Así, se convierte en un pozo de inspiración renovadora. De este modo nuestro espíri­tu es estimulado automática y constantemente. Nunca volve­mos a sentir sed.

Si deseas gozar de la vida, experimentar la bondad de Dios y ser feliz, ser respetado y, en resumen, vivir una vida plena, lee despacio y con atención -y, me atrevo a decir, con humildad- los versículos siguientes:

“Porque: El que quiere amar la vida y ver días dichosos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela”
(1 Pedro 3:10, 11)




En estos dos versículos figuran algunas cosas capaces de lle­var la dicha a tu corazón.
Se nos dice que evitemos hablar mal de nadie. Nunca digas cosas que puedan herir al prójimo. Además, debemos abste­nernos de pronunciar palabras de doble intención, pues tales palabras siempre ofenden a alguien. Debemos evitar el mal, y, en la medida de nuestras fuerzas, hacer el bien, ayudar a los demás. Debemos luchar por la paz en general, por la paz de nuestros corazones, de modo que nuestra propia paz lleve la calma y la serenidad al corazón de los demás. En todo caso, procuremos ser un remanso de paz en un mundo caótico.

Practica la doctrina cristiana y la vida será para ti bella y amable; digna de ser vivida.
La forma en que se desarrollan nuestras relaciones con los demás ejerce una marcada influencia en nuestro espíritu. Cuando estamos en malos términos con nuestros semejantes, nues­tro ánimo inevitablemente se deprime, aunque pueda parecernos que no es así.
La cura se halla en el siguiente sabio consejo:


“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.”
(Romanos, 12:10)

Se nos pide únicamente que practiquemos el arte de la amabilidad y del afecto. Muéstrate siempre generoso y com­prensivo, suponiendo que los otros son realmente buenos, a pesar de que su actitud induzca a pensar lo contrario. Tu ac­titud hará que la amabilidad se vuelva afecto, y éste amistad. Esto, naturalmente, es la gran cualidad de la cortesía, la cual, cuando es sincera, disipa la mala voluntad.
De este modo, tu corazón se libera de los celos y del ren­cor. El amor que das te será devuelto con intereses, y tu espíritu se beneficiará del nuevo clima creado entre tú y las personas con las que tienes que relacionarte.
La tensión es lo que más contribuye a deprimir nuestro ánimo, pues, si es prolongada, agota las energías y fatiga el espíritu. Por consiguiente, la mente necesita períodos de cal­ma en los cuales, lógicamente, la tensión disminuye o desapa­rece.
Uno de los pasajes que más ayudan a conseguir la paz men­tal es el que sigue:


“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”
(Salmos, 46:10)

Estas palabras representan una técnica de relajamiento de incalculable valor. «Estad quietos», es decir, reducir la actividad, ha­cer un alto en el camino, no correr. Deténte, no hables, cálmate. Si estás agitado, eres momentáneamente in­capaz de pensar positivamente.
Una vez alcanzada esta actitud serena y tranquila, los pen­samientos creadores nacerán sin esfuerzo. Es entonces cuando sabrás que «Él es Dios», es decir, te darás cuenta de que no puedes hacerlo todo, de que el mundo no descansa sobre tus hombros. Esta sencilla verdad de que debes hacer sólo lo que puedas, dejando el resto en manos de Dios, será perfectamente comprensible para ti. Tu espíritu, entonces, se elevará has­ta alturas antes inaccesibles.
Un buen sistema para elevar tu espíritu es frecuentar la compañía de personas de espíritu elevado. La asociación con personas pesimistas hará que tú te contagies de su negativismo y tristeza. El pesimismo, las dudas y la desesperación de los demás influirán en mayor o menor grado en tu persona.
He aquí el remedio:

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
(Mateo, 18:20)




Periódicamente, debes hacer una cura de espiritualidad. Para ello, reúnete con personas interesadas, como tú, en alcanzar una más profunda relación con Jesucristo. Esta práctica te propor­cionará una de las más gloriosas experiencias de tu vida. Te darás cuenta de que Cristo se halla en medio del grupo, y el ca­lor que esto dará a tu corazón, es imposible de describir.
Trata de darle un toque espiritual a la próxima cena a la que asistas, bien en calidad de anfitrión, bien en la de in­vitado. Procura que la conversación con tus amigos tenga un carácter más espiritual de lo acostumbrado. Si tus amigos ac­tuales no son personas adecuadas para mantener tal tipo de conversación, busca otros en la iglesia. Allí, con toda seguri­dad, los encontrarás.
Si logras sentirte invencible, tu espíritu, lógicamen­te, se elevará. En cambio, cuando te sientes vulnerable, débil, indeciso y fracasado, el pesimismo se adueña de tu mente y de tu corazón. Lo que debes hacer, pues, para sentirte invenci­ble e invulnerable, es afirmar tu fe y practicar la bondad. En­tonces nada podrá derrotarte.

Así nos lo dice uno de los pasajes más bellos y poderosos de la Biblia:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
(Mateo, 7:24)

Este pasaje nos dice que, si aceptamos las palabras de Je­sucristo y vivimos de acuerdo con ellas, seremos como aquel hombre que edificó su casa sobre roca, contra la que nada pueden las tempestades. ¿Verdad que has conocido a per­sonas así? Poseen una serenidad interna, una energía, un va­lor y una sabiduría que desafían a todas las tormentas de la vida. Probablemente, igual que tú ahora, hubo un tiempo en que tales seres fueron débiles. Pero escucharon la voz de Cris­to, y esto les hizo fuertes.
También tú puedes ser fuerte. También tú puedes ser invencible. No tienes más que «oír» y «hacer» lo que Cristo dice. ¡Cómo se elevará tu espíritu!
Nuestro espíritu se eleva cuando aprendemos a conocer cómo recibir la abundancia de dones que Dios quiere volcar sobre nosotros. El secreto está en dos versículos:

“Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”
(Lucas, 11:9, 10)




Dáte cuenta de que la palabra «pedid» va seguida de las pa­labras «se os dará»; que inmediatamente después de la pala­bra «buscad» están las palabras «y hallaréis»; y que después de la palabra «llamad» sigue la afirmación «y se os abrirá». Ello equivale a decir que todo el que pide, recibe; que todo el que busca, halla, y que a todos los que llaman, se les abre.
Por consiguiente, pide, y luego imagina que estás recibiendo; busca, y luego afirma que ya has encontrado; llama, y cree que Dios ya te ha abierto.
Practica el arte de recibir. Cree que ya has recibido. Luego eleva tu espíritu al darte cuenta de que las bendiciones de Dios están siendo derramadas sobre ti.
El optimismo, el hecho de mantener un espíritu elevado, es incompatible con la falta de descanso. Para mantener el espí­ritu elevado es preciso que tanto el cuerpo como la mente y el alma se hallen descansados. El cansancio es perjudicial y mata la exuberancia.
Por consiguiente, es indispensable saber dormir, pues el sue­ño es el gran restaurador.
He aquí una fórmula mágica que nos ofrecen los Salmos:

“Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque el Señor me sustentaba.”
(Salmos, 3:5)

Estas pocas palabras son, en sí mismas, realmente maravi­llosas. Sugieren la imagen de un hombre que, al final del día, se acuesta y se deja mecer por el sueño. Como si se tratara de un niño muy pequeño, su equilibrado sistema emo­cional le permite conciliar el sueño instantáneamente.
Luego el autor de los Salmos dice: «...y desperté». Ello nos trae a la mente la imagen de un hombre completamente despierto y dispuesto a emprender el trabajo del día. Su es­píritu se halla a un elevado nivel. Y eso es debido a que sabe que el Señor vela por él, ayudándole y protegiéndole.
Hoy mismo, cuando te dispongas a acostarte, practica es­te pasaje. También tú te dormirás en seguida; también tú despertarás con ánimo alegre.

Una de las cosas más importantes para el ser humano es aprender a controlar la ira. En realidad, ponerse fuera de sí es algo que no es propio de personas equilibradas, y, además, es una fuente de graves perjuicios, pues deteriora, a menudo gravemente, las relaciones con los demás.
Otro de los perniciosos efectos de la ira es que deprime el espíritu. Es tanta la energía que se derrocha en un arranque de ira, que cuando todo ha pasado, la persona se siente profundamente agotada.
La ira controlada es todavía más deprimente, pues el gasto de energía se produce escalonadamente y durante un período de tiempo más largo.
Afortunadamente, existe un método seguro y eficaz para corregir esta condición. Requiere práctica, pero una vez adqui­rida, permite que uno jamás pierda el control de sí mismo.

“Una respuesta blanda calma la ira; una palabra áspera encien­de el furor.”
(Proverbios 15:1)




La próxima vez que te sientas próximo a estallar, repite va­rias veces este versículo, y luego observa el efecto que produce en ti. Es una llave mágica que abre la puerta que conduce a las buenas relaciones con todo el mundo, además de cons­tituir uno de los mejores ELEVADORES DEL ESPÍRITU.
El espíritu humano, como la buena tierra, debe ser regado de vez en cuando, pues de otro modo, la vida se convertiría en algo seco, estéril, inútil y enojoso.
Para que no sea así, medita en el significado de este gran pasaje bíblico:

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”
(Hechos de los Apóstoles 3:19)

La tierra sufre períodos de sequía, a veces durante meses o años en regiones extremadamente áridas. Es por ello que existen zonas áridas o desérticas. Luego, con la llegada de la lluvia, la tierra, la seca y ardiente tierra, se refresca. Es lo que en el versículo se describe como «los tiempos del refrigerio».
Algo similar ocurre con la vida humana. A causa de nues­tros pecados y malos pensamientos, la claridad o frescura de la mente y del alma se evapora, se seca. El alma queda sofo­cada bajo una gran capa de polvo, de aridez, de muerte.
Si nos ponemos en manos de Dios y conseguimos cambiar­nos espiritualmente, «llegarán los tiempos de refrigerio de parte del Señor». ¡Qué vida tan clara, fresca y deliciosa es en­tonces la nuestra! Es como si nuestra vida anterior no hubiera existido.
¿Y, sabes cómo restaurar tus energías cuando te sientes fatigado y deprimido? La vida parece, en ocasiones, algo de­masiado pesado. He aquí un maravilloso agente renovador, un verdadero ELEVADOR DEL ESPÍRITU:

“El da vigor al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
(Isaías 40:29)




Muchas personas que habían perdido toda su vitalidad la recobraron nuevamente con la muy eficaz ayuda de este ver­sículo. Dios es la verdadera fuente de toda energía: de la del sol, de la de las plantas, de la de las personas.
Vuelve tu mente al Altísimo y, a través del canal del pen­samiento espiritual, Él te proporcionará nuevas fuerzas, tanto mentales como emocionales y físicas.
Una vez al día -o mejor dos, tres o más-, practica la si­guiente técnica renovadora:
Ponte en posición horizontal y relájate. Luego imagina que Dios te toca con su divina mano. Cree que Él te está en­viando su fortaleza. Repite con fe el ELEVADOR DEL ESPÍRITU de hoy. No tardarás en sentirte lleno de nuevas ener­gías.

Para mantener elevado el espíritu es importante cultivar la actitud de sometimiento espiritual, es decir, conviene situar mentalmente nuestros intereses, esperanzas y propósitos com­pletamente en manos de Dios.
Uno debe, naturalmente, utilizar todas sus fuerzas y energía en la consecución de los objetivos de la vida diaria. Pero eso no está reñido con una voluntaria y humilde dependencia de la voluntad de Dios.
Ésta forma de vida se describe brevemente en el siguiente pasaje:

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
(I Pedro 5:6,7)

Estos versículos nos dicen que si nos situamos en la di­rección de Dios, dejándonos guiar por su mano, Él nos exalta­rá, es decir, nos ayudará a conseguir nuestros propósitos y nos elevará por encima de la derrota y el fracaso.
Hemos de aprender a echar nuestros cuidados sobre Dios, y ser felices al saber que Él se ocupa de nosotros. Éste es un supremo ELEVADOR DEL ESPÍRITU.
De tanto escuchar las confidencias de mucha gente que busca ayuda para andar por la vida, he podido deducir que lo que más necesitan es encontrar a Dios.
En cierta ocasión, un médico me dijo que un gran porcen­taje de sus pacientes necesitan menos de medicinas que de Dios.
Tolstoi dijo que «conocer a Dios es vivir».
¿Cómo se puede encontrar a Dios? La respuesta es muy simple.

“…me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
(Jeremías 29:13)




Di y repite las palabras de este pasaje hasta que tu men­te acepte plenamente el hecho de que Dios entrará en tu vida cuando lo desees de todo corazón.
En el preciso instante en que entregues a Dios toda tu per­sona, tus seres queridos, tus negocios, tus problemas y tu salud, Él vendrá a ti y te ayudará. Su ayuda será más va­liosa que lo que nunca te atreviste a imaginar. Dios se da a los hombres que le buscan sinceramente y de corazón.
Cuando encuentras a un hombre que conoce realmente a Dios, ves a un hombre dichoso, entusiasta y pleno de vi­talidad.
El miedo obsesiona la mente de muchas personas. Es una grave enfermedad. La Biblia contiene muchos versículos que son poderosos medicamentos contra el miedo. Uno de los que más me han ayudado es el siguiente:

“El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
(Salmos 27:1)

El hecho más significativo que se desprende de este versículo es que el temor tiene su reino en las sombras. Se acrecienta en la oscuridad. Una mente espiritualmente oscura es campo abonado para los temores más horrorosos. Pero cuando uno ilumina la zona oscura, el miedo huye. Cuando la mente se llena con la presencia del Señor, la mente queda automá­ticamente iluminada, con la consiguiente huida del temor.
El miedo se desarrolla también cuando uno se siente débil. La debilidad, inevitablemente, ocasiona temores. Pero si llenas tu mente con la presencia de Dios, Él te transmite un sentimiento de seguridad y fortaleza. ¿Resultado? Te sientes seguro, sin temor a nada.
La sensación de sentirse deprimido es a veces debida a la presencia del mal en nuestros pensamientos y acciones..Es un hecho extraño y triste a la vez, que los malos pensamientos y acciones agitan de tal modo el espíritu, que producen can­sancio e inquietud, resultando de todo ello la depresión espiritual.
En tales casos, aconsejo a la persona deprimida que medite profundamente sobre el significado de los versículos que si­guen:

“Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.”
(Isaías 57:20,21)




Este autoprovocado tumulto interior mantiene en estado de suspensión todo lo malo que pueda haber dentro de la mente humana. Así, las aguas del alma no se purifican. Nadie puede obtener la paz interior hasta que se someta a la purifi­cación interna.
Pero esta condición puede ser corregida. El alma puede ser purificada con sólo purificar los pensamientos, por el perdón y por el contacto curativo del Gran Médico.
Nuestra alma vive en constante inquietud hasta que en­cuentra la paz de Dios.
Nos sentimos deprimidos cuando nos abandonamos a las tentaciones. Es imposible ceder a una tentación y no experi­mentar en mayor o menor grado una sensación de remor­dimiento.
Esta sensación de derrota tiende a deprimirnos. Disminuye la sensación de dicha que se experimenta cuando uno tiene el pleno control de sí mismo. La repetición de tales derrotas es tal vez el medio más seguro de hacer infeliz a una persona.
El versículo siguiente explica cómo ahuyentar las tenta­ciones:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
(I Corintios 10:13)

De modo que no tienes por qué sentirte nunca moralmente derrota­do. Si la tentación te acosa, recuerda que dispones de los me­dios para vencerla.
Debes desear sinceramente la ayuda de Dios. Luego, con la misma sinceridad, pedirla, creer que la tienes y actuar como sabes que Dios quiere que hagas.
El hecho de vencer las tentaciones te hará sentirte feliz y optimista.
Cuando tu mente está llena de pensamientos de Dios, cuan­do sigues activamente las enseñanzas de Cristo, practican­do una actitud mental de confianza, posees una extraña y maravillosa experiencia. Te sentirás protegido y guiado. Serán tantas las pruebas que tendrás de este hecho, que no te quedará la más mínima duda de la presencia de Dios a tu lado.
Deja que las siguientes palabras penetren profundamente en tu espíritu. Entonces, esta experiencia de la protección de Dios será tuya:

“Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos.”
(Salmos 91:11)




Cuanto más se eleve tu espíritu, más fuerte será la sensa­ción de que nada de este mundo podrá herirte. Ni el dolor, ni el trabajo, ni la oposición, ni incluso la muerte podrán nada contra ti, pues Dios te sostendrá en todo momento y cir­cunstancia. No olvides que cuando Dios hace algo, lo hace por completo. Es por eso que te digo lo de «todo momento y cir­cunstancia».
Así, pues, ya sabes cómo ir por el mundo con el espíritu siempre elevado. Es un hecho cierto que Dios vela por ti.
La depresión del espíritu tiene a menudo su origen en la sensación de impotencia para resolver los conflictos que a uno se le plantean. La naturaleza se esfuerza constantemente en conseguir para nosotros una sensación de plenitud y para curar las heridas del alma. Sin embargo, muchas veces no lo logra.
Jesucristo es el único que puede sanar por completo la per­sonalidad humana; es el único que puede proporcionar el equi­librio entre cuerpo y espíritu.
Esto es lo que nos dice el pasaje siguiente:


“Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.”
(Marcos 6:56)

Para experimentar su poder curativo, lo único que debes hacer es desear de todo corazón su divino contacto. Luego so­métete gustosamente a su voluntad. Cuando damos el primer paso, por tímido que sea, Él responde de inmediato con el milagroso contacto que equilibra nuestro cuerpo, mente y es­píritu.
Experimenta y descubre por tí mismo cómo se eleva tu es­píritu al conseguir una profunda sensación de equilibrio inte­rior.
Sostener la batalla de la vida es un arte, un arte que debemos aprender. Un par de versículos del sexto capítulo de Efesios nos indican cómo hacerlo:

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”
(Efesios 6:16,17)




En otras épocas, cuando los hombres llevaban armadura, el escudo servía para proteger el corazón. Como símbolo y cen­tro de la vida, el corazón debe ser guardado de todo ataque. Tú debes guardar el tuyo con la fe.
Todos debemos llevar el escudo de la salvación. El guerrero trataba siempre de protegerse la cabeza, y nosotros debemos proteger la mente contra una serie de actitudes destructivas, como son la negatividad, el pesimismo, los malos pensamien­tos y el odio. La mente debe estar siempre llena únicamente de conceptos positivos.
Toma la espada de la palabra de Dios, pues con ella podrás poner en fuga a los enemigos de la vida, que son los malos pensamientos y las malas acciones.
Así armados, podemos vencer en la batalla de la vida. La conciencia de nuestra fuerza elevará nuestro espíritu hasta al­turas insospechadas.
La vejez y la esterilidad son consecuencia del agotamiento de la inspiración espiritual. De esta carencia de inspiración derivan tensiones, agitaciones, insatisfacciones y frustraciones.
Pero existe un remedio. Nos lo da uno de los más famosos pasajes de la Biblia:

“En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.”
(Salmos 23:2)

Todo el que haya viajado por un área desértica ha experi­mentado gran alivio al llegar a una zona dominada por verdes campos. La hierba sustituye a la arena. ¿Qué es lo que diferen­cia al prado del desierto? El agua, no otra cosa.
De modo similar, la árida condición de la personalidad hu­mana cambia radicalmente cuando el agua vivificante de la fe fluye a través de la mente y el corazón.
Esta frase relativa a las frescas aguas puede ser motivo de profundas reflexiones. La paz nace en la mente humana.
Con la paz, el alma se transforma; desarrolla nueva vida y vitalidad. La meditación en este pasaje te dará una profunda serenidad y elevará tu espíritu.
La gente que se queja de sentirse deprimida suele, a me­nudo, tener la mente ocupada en muy diversos asuntos. Al faltarle la fe en Dios no puede ejercer el debido control sobre sí misma. Entonces se convierte en víctima de la irritación, del resentimiento, de la ansiedad, etc.
Esas personas no quieren ser así. Es más, se sienten disgustadas por no ser de otro modo. Pero no poseen la fuerza necesaria para disciplinarse y controlarse, como tampoco pueden controlar sus problemas. Así, la vida es para ellos una frustración continua.
Para contrarrestar esta desdichada condición de tantos hombres, disponemos de un ELEVADOR DEL ESPÍRITU. Es el que sigue:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”
(Apocalipsis 21:7)




Este versículo nos dice que practiquemos la idea de que somos hijos, verdaderos hijos, de Dios. Dios será nuestro guía y pondrá sus fuerzas a nuestro servicio. Con la fuerza de Dios, tú vencerás en lugar de ser vencido.
Entonces, las cosas no se alejarán, sino al contrario. Tú «heredarás estas cosas», todas las cosas. En resumen, la vida se pondrá de tu parte.
De todo ello resultará una insospechada elevación del es­píritu.
La desmoralización y la depresión tienen a menudo su ori­gen en el temor al futuro. La ansiedad por el porvenir, por nuestra situación económica en los años venideros, etc., crean un sentimiento de inseguridad, el cual, cuando se convierte en habitual, provoca la depresión del espíritu.
Por el contrario, cuando uno se siente seguro, cuando se está convencido de que todo irá bien, el ánimo se eleva, el op­timismo se adueña del espíritu.
El versículo siguiente deberíamos todos grabarlo  a nivel profundo en nuestra mente.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
(Filipenses 4:19)

Esto nos da la convicción de que si ponemos nuestra parte y vivimos cristianamente y tenemos fe, Dios atenderá todas nuestras necesidades. Esto incluye también nuestras necesida­des materiales, al igual que las de la mente, las del alma y las del espíritu. Dios posee infinitas riquezas, más de las que entre todos podamos necesitar. Y Él está dispuesto a volcarlas so­bre nosotros. Si tenemos fe en Él y vivimos de acuerdo con sus principios, no tenemos por qué preocuparnos de la satisfacción de nuestras necesidades.

Si crees esto, tu espíritu quedará libre de toda aprensión.
La tristeza por la muerte de un ser querido supone, para nuestro espíritu, un peso muy grande. A menudo provoca un total desinterés por la vida. Esto, no es necesario decirlo, es una actitud totalmente negativa y que conviene desterrar.
Porque la vida sigue, y uno debe vivir. En cierto sentido, puede afirmarse que uno no es plenamente leal al muerto a menos que se enfrente a la vida con valor y espiri­tualidad.
El pasaje siguiente ha hecho más bien al alma humana, en mi opinión, que ningún otro de la literatura universal:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.”
(Juan 11:25)




Este glorioso mensaje nos dice que Jesucristo vive, y que aquellos que creen en Él viven también. Así, pues, nuestro fa­miliar, al que creemos muerto, no está muerto, sino que vive y vivirá siempre, velando por nosotros con el mismo amor que sentimos por él.
Esta convicción eleva de tal modo el espíritu que ya la muerte aparente no puede asustarnos. Así, cuando, a pesar de todo, sintamos que la tristeza llama a la puerta de nuestro espíritu, repitamos una y otra vez este maravilloso pasaje. Veremos cómo las sombras se alejan, sustituidas por una luz resplan­deciente.
Existe una fórmula, que encierra tres puntos que hacen que la vida se convierta en algo que vale la pena. La fórmula es ésta:

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
(I Corintios 13:13)

En este pasaje puedes ver tres poderosos ELEVADORES DEL ESPÍRITU:
El primero es la fe; fe en Dios y en Cristo; fe en ti mismo, en los demás, en la vida. La fe es el poder más fuerte de este mundo. Este poder, no lo olvides, puede ser tuyo.
Le sigue la esperanza, es decir, la espera confiada, la creencia de que lo mejor está todavía por venir; de que siempre existe una nueva oportunidad. Cree que ello es así, y así será.
El tercero es el amor (caridad, decían las antiguas versiones). Tu corazón debe estar lleno de buena voluntad, no de odio ni de resentimiento. Una de las más grandes cualidades es el amor, la comprensión, la tolerancia, el deseo de ayudar al prójimo. La caridad cristiana te proporcionará alegría infinita.
Deja que estas tres cualidades brillen permanentemente en tu vida. Es el medio más seguro de que tu espíritu se mantenga siempre elevado.





***************


Homenaje a Violeta Cavallero en la Revista MetodistaNº 209, marzo - abril de 2014:





Algunos libros de Violeta Cavallero:




En quietud y en confianza. 1960 
¿Tenemos una respuesta? 1962 
La voz evangélica, meditaciones. 1969 
"Dios es amor". 1973 
Alzar los ojos. 1974 
Plegarias para Navidad. 1975
Todos te buscan : devocionales para la última semana del año. 1977



***************

Con motivo de un homenaje a Violeta, se publicó esta nota en el diario El País de Montevideo, 31 de agosto de 2012:

Luces recónditas
   
Por LEONARDO GUZMÁN

El aviso del homenaje póstumo a rendir a Violeta Cavallero me reconstruyó por dentro las décadas de su prédica cristiana, volcada en el púlpito de Constituyente y Médanos, en el micrófono de Radio Carve y en las aulas del Instituto Crandon. Por cierto, no la escuchaba siempre. Sobre algunos temas, no compartí su opinión. En largos tramos, recorrí otros andariveles.


Violeta en Salto, 1964


Pero le admiré la congruencia con que vivía el Cristo, con agonía -lucha- en y para la vida práctica y no sólo como entrega terminal en la Cruz. Continuaba la línea que abrió el pastor Carlos T. Gattinoni, predecesor de Emilio Castro que meditaba el metodismo desde la fe laboriosa de John Wesley, pero también desde el clamor liberal de Unamuno y la mística eslava de Berdiaeff. Llamaba a buscar la luz pensando.

La siembra de Violeta Cavallero se hizo sin el porte arrogante de lo mayoritario y por fuera de los relumbrones del poder. La libró en circuitos limitados: eso fue y es muy frecuente en nuestro Uruguay, aunque no recoja la gratitud general ni lo consignen los libros de historia. Por eso, en ese aviso del homenaje a su persona no sólo reviví un tiempo sino un modo de ser nacional que se encarnó en los innumerables gestores que nos leudaron el pensamiento con modestia y convicción. Lo mismo en liceos de barrio que en las cátedras especializadas y en el ágora abierta de las letras y las artes, como personas y como país siempre recibimos mucho de la batalla de ciudadanos inquietos, cuyo fuego interior se alzó a contramano de la resignación colectiva, que se encogía de hombros mientras musitaba el discepoliano quevachaché.

Reflejada en notas de diarios, revistas o conferencias, formalizada en instituciones con bajo perfil o desgranada en poemas lanzados al viento, también hoy palpita la vida rebelde al conformismo, que es universal por los valores que afirma pero que, por dirigirse a la conciencia, se vuelve íntima. Y más que íntima, se convierte en recóndita -reservada y oculta- porque le toca atravesar tiempos de desvalorización, silencio y supresión de los temas del espíritu.

Por haber hecho que esos temas se replegasen, por cultivar sólo los "procesos reales y macro", por menospreciar y ahogar lo personalísimo que va del corazón a la cabeza, en el Uruguay perdimos de vista que sin afirmar los sentimientos, sin desarrollar la inteligencia y sin tensar la voluntad -esto es, sin espíritu-, no hay desarrollo económico ni construcción social que valgan.

Por insistir en ese camino, desde hace años nos han crecido los bolsones de pobreza e ignorancia que, en radios y ex cines, explotan los macaneadores con acento abrasilerado que abusan de la credulidad, aturden con festivales de milagros y pervierten el sentido profundo de la religión: lo cual ofende a la vez a creyentes y ateos, que se espantan por igual ante lo que tiene sonoridad de estafa.

Aburridos de repasar diagnósticos, seguros de que el mito del Estado no podrá jamás reemplazar la espontaneidad de los libres que luchan por el bien y la verdad, es hora de revalorizar los rincones de conciencias modestas que germinan en prédica independiente y sana.

Esas conciencias constituyen el reducto primero y último de la libertad.


Y garantizan que el pensamiento y el espíritu han de abrirse camino entre los zombis, los distraídos, los abusadores y los fanáticos que se reparten las primeras planas del mundo tal cual es. 



****************






Durante un culto de la Cena del Señor dirigido por John Duncan (1796 – 1870, conocido predicador escocés de New College, Edimburgo), él vio a una mujer que, con lágrimas corriéndole por las mejillas, negaba con su cabeza mientras con su mano rechazaba la copa que le ofrecía el anciano.
No se consideraba digna de tomarla. 

Duncan salió de detrás de la mesa, tomó una copa de la bandeja, y se la dio a la mujer, tocando su hombro y diciéndole tiernamente:

“Tómala, mujer; es para pecadores.”


La Cena del Señor es para pecadores que han sido salvados por la gracia de Dios. Cuando participamos con el espíritu apropiado, no sólo recordamos nuestros pecados, sino que también reconocemos nuestra fe en el Salvador.
Nunca oiremos la voz de Dios más clara y personalmente que cuando le obedecemos al recordar con la Cena del Señor su sacrificio.

Si la mesa de Cristo fuera sólo para gente perfecta, nadie se podría acercar jamás a ella. Nunca está cerrada para el pecador penitente.
Para el hombre que ama a Dios y a su prójimo el camino está siempre abierto, y sus pecados, aunque sean como escarlata, quedarán blancos como la nieve.

Jesús nunca hizo ni hará acepción de personas, aun en la mesa de la comunión.



Salmo 103: Cuanto está lejos el oriente del occidente...


* La anécdota de Duncan y la copa, está tomada del libro "De regreso a los cimientos",
por Paul Powell, y de una recopilación por Bernardo Martínez sobre la Cena del Señor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario